
El pacto de hierro entre el mercado y el encierro
Escribo hoy con la urgencia que impone el retroceso. Escribo contra esa «Psiquiatría de Estado» que, bajo el barniz de una supuesta «jerarquización profesional», no hace más que preparar el terreno para una captura política y económica sin precedentes.
A vos, psiquiatra en formación, que todavía creés que la salud es un derecho y no un renglón de gastos, te pregunto: ¿De quién es la mano que empuja tu lapicera cuando firmás una internación compulsiva sin el diálogo con la red comunitaria?
El matrimonio de conveniencia: Academia y Capital
La Ley de Salud Mental no fracasa por un error de redacción; se la hace fracasar por un matrimonio espurio que ocurre en dos frentes:
En la formación: Las currículas universitarias siguen casadas con un modelo biomédico que borra al sujeto. Se forman «prescriptores» en lugar de clínicos. Se enseña la neuroquímica del síntoma, pero se ignora la sociología del hambre, el desamparo y la exclusión. La formación actual es el brazo ideológico de una industria que necesita diagnósticos rápidos para vender soluciones empaquetadas.
En lo económico: La contrarreforma es, en el fondo, una estrategia de transferencia de recursos. Quitar la obligatoriedad del enfoque interdisciplinario no busca «agilidad»; busca abaratar costos estatales y aceitar el negocio privado. El sistema prefiere pagar una cama de encierro (el depósito de los «sobrantes») antes que financiar casas de medio camino, cooperativas de trabajo o equipos territoriales.
La soberanía clínica no se recupera volviendo al manicomio; se recupera rompiendo el contrato de exclusividad con la industria farmacéutica y el lobby de las clínicas de internación.
La trampa de la «Autoridad»
Les dicen que la reforma les devuelve el poder. Pero es un poder de cartón. Los quieren convertir en los gerentes de la exclusión. Quieren que la psiquiatría sea el «patovica» que limpie las calles de aquello que el sistema económico ya no puede asimilar: los sin techo, los usuarios de sustancias sin red, los rotos por el modelo.
No es jerarquización, es captura.
Al vaciar de presupuesto los dispositivos intermedios y de red, la ley se vuelve una cáscara vacía. Entonces, aparece el discurso de la «emergencia» para justificar el retorno al encierro. Es la profecía autocumplida: desfinancian la libertad para que el encierro parezca la única solución humanitaria.
Una Ética de la Insurrección
La verdadera autoridad clínica no emana de un sello de goma que autoriza un candado. Emana de la capacidad de resistir a ser el último eslabón de una política de seguridad ciudadana.
No confundan su saber con el manual de costos de una prepaga.
No confundan su ética con la conveniencia de un funcionario que quiere «limpiar» la ciudad.
No acepten ser los escribas de una biopolítica que decide quién es ciudadano y quién es residuo.
La psiquiatría que vale la pena es la que se asume política, la que entiende que el sufrimiento psíquico no es un desbalance de dopamina en el vacío, sino el grito de un cuerpo atravesado por la historia, la economía y el poder.
Dr. Ezequiel Gattaz Mat 7981
Médico especialista en psiquiatria y Salud mental comunitaria
»Si la pluma es suya, que sea para escribir salud, no para firmar despojos»

