Exilios: cuando la patria se vuelve una herida

Este 24 de marzo, hablar del exilio como experiencia histórica, política y emocional. Permite unir memoria, derechos humanos y actualidad global. Además conecta muy bien con los 50 años del golpe de Estado en Argentina y con los desplazamientos forzados actuales.

Hoy queremos abrir una palabra que duele, pero que también explica gran parte de la historia de nuestros pueblos. Una palabra que no siempre se nombra…
pero que atraviesa generaciones enteras. Hoy vamos a hablar de exilio.

Exilio es cuando te obligan a irte. Cuando la tierra donde naciste deja de ser segura. Cuando la casa se vuelve un riesgo. Cuando quedarse… puede significar morir.

Este año se cumplen 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, el terrorismo de Estado que instaló una dictadura cívico-militar-genocida en Argentina.  Una dictadura que desapareció a 30.400 personas, pero que también empujó a cientos de miles al exilio.

Artistas, estudiantes, sindicalistas, científicas, militantes, docentes…
muchas personas tuvieron que escapar para seguir vivas. Se fueron a México, a España, a Francia, a Venezuela, a Suecia. El exilio fue una forma de sobrevivir. Pero también fue una herida.

Porque el exilio no es turismo. No es migrar por deseo. El exilio es migrar por miedo. Es aprender a vivir con la nostalgia.

Y hay algo que pocas veces se dice cuando hablamos de exilio. Las disidencias sexuales también vivieron exilio. Personas perseguidas por ser travestis, trans, homosexuales. Personas que tuvieron que huir de sus provincias, de sus barrios, incluso de sus familias.

Muchas de nuestras compañeras travestis y trans vivieron exilios internos. Se fueron de pueblos donde la vida era imposible. Migraron a las grandes ciudades buscando lo mínimo: poder existir.

Pero el exilio no es sólo una historia del pasado. Hoy, mientras escuchamos la radio, o leemos el diario, millones de personas en el mundo están siendo obligadas a irse de sus casas. Familias enteras que huyen de guerras, de bombardeos, de ocupaciones militares. Personas que dejan atrás todo:
la casa, la escuela, el barrio, los recuerdos.

En este momento, en lugares como: Gaza, Siria y el Libano, hay poblaciones enteras viviendo desplazamientos forzados.

El exilio siempre tiene una dimensión política. Pero también tiene una dimensión profundamente humana. Es la abuela que no vuelve a ver su casa. Es el niño que crece hablando otro idioma. Es la persona que pasa años preguntándose si algún día podrá regresar.

Y por eso la memoria importa. Porque cuando recordamos nuestro propio exilio… podemos entender el dolor de otros pueblos.

La memoria de los exilios latinoamericanos nos enseña algo muy importante: ningún pueblo está completamente a salvo de la violencia política. Pero también nos enseña otra cosa, la solidaridad.

Países que abrieron sus puertas. Comunidades que recibieron a quienes llegaban con lo puesto. Universidades que dieron trabajo a científicos exiliados. Familias que compartieron mesa con quienes habían perdido todo.

Las disidencias sabemos mucho de exilio. Porque a veces el primer exilio ocurre dentro de la propia familia. Cuando te dicen que no sos bienvenida. Cuando te dicen que tu identidad no tiene lugar.

Pero también sabemos construir comunidad. Sabemos armar casa incluso en territorios que no eran nuestros. Sabemos transformar el dolor en organización.

A 50 años del golpe, recordar los exilios no es sólo mirar el pasado. Es preguntarnos qué mundo queremos hoy.

Un mundo donde nadie tenga que irse para sobrevivir. Un mundo donde las diferencias no sean motivo de persecución.

La memoria, cuando es verdadera, no se queda en el recuerdo. Se vuelve compromiso. Para que nunca más el exilio sea el destino de nuestros pueblos.

Y para que, donde haya una persona expulsada de su tierra… siempre haya otra dispuesta a abrir la puerta.

Esto fue Yacurmana y Yastay…pensando el mundo desde las disidencias.

Yacurmana de la Puente (activista trans y directora académica de la Fundación YacuYas)

Landriel Oviedo (artivista positivo y director Ejecutivo de la Fundación YacuYas)

«Un mundo donde nadie tenga que irse para sobrevivir. Un mundo donde las diferencias no sean motivo de persecución«


“Recordar es un acto de salud mental colectiva: lo que se niega o se olvida, se repite.”


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tu Diván